San Ceremonio
Ceremonio era un campesino natural de Asia menor que, inflamado de fervor apostólico tras su conversión al cristianismo, viajó a Iberia en el año 64 para convertir a los hispanos. Pero sus prédicas resultaban tan parsimoniosas y su verbo era tan monótono que los pocos nativos que se acercaban a escucharlo caían amodorrados a sus pies.
Un día en que el apóstol predicaba a la orilla del mar, observó como miles de peces se congregaban allí, escuchando con arrobo su sermón. Ceremonio, profundamente decepcionado por la indiferencia de los humanos, decidió que bien valdría la pena convertir a los animales del mar.
Pero he aquí que los hispanos, al percartarse de la situación, empezaron a acudir en tropel al lugar. Armados con palos, se introducían en el agua y pescaban con toda facilidad los mejores ejemplares. Pronto la pobre dieta de los lugareños se vio enriquecida con generosas raciones de bogavante, dorada, lubina y rodaballo.
Los peces eran masacrados a miles en medio de fenomenales tumultos mientras Ceremonio, ajeno a todo, proseguía sus morosas prédicas. Enterado el gobernador romano de los desórdenes, mandó prender al apóstol y le hizo cortar l lengua.
Ceremonio volvió a la playa a predicar, pero sus sonidos guturales y su grotesca mímica ya no surtían efecto alguno en los peces, que se esfumaron por completo. Los hispanos, enfurecidos al verse privados de sus suculentas raciones, molieron a palos al apóstol y lo arrojaron a las aguas, donde fue pasto de los peces, que por lo visto no habían captado en todo su alcance el piadoso contenido de sus enseñanzas.
Se sabe que Ceremonio pasó mucha hambre, pero jamás se lo vió tomar un bastón para golpear a los peces. De ahí nació la expresión “eres como Ceremonio, que no da palo al agua” que se aplicaba a los holgazanes, y que ha perdurado en el lenguaje coloquial español hasta nuestros días.
—
“Bardín, el superrealista”, Max.