Més Cioran

Continuo amb el llibre (Breviario de podredumbre, E. M. Cioran), el llibre continua igual de positiu. No em puc estar de copiar un altre capítol aquí.

La irrisión de una “nueva vida”

Clavados a nosotros mismos, carecemos de la facultad de apartarnos del camino inscrito en la inanidad de nuestra desesperación. ¿Exceptuarnos de la vida porque no constituye nuestro elemento? Nadie expide certificados de inexistencia. Nos vemos obligados a perseverar en la respiración, a sentir el aire quemar nuestros labios, a acumular pesares en el corazón de una realidad que no hemos deseado y renunciar a dar una explicación al Mal que cultiva nuestra perdición. Cuando cada momento del tiempo se precipita sobre nosotros como un puñal y nuestra carne, instigada por los deseos, rehúsa petrificarse, ¿cómo afrontar un solo instante añadido a nuestra suerte? ¿Con ayuda de qué artificios encontraríamos la fuerza de ilusión suficiente para ir en busca de otra vida, de una vida nueva?

Y es que todos los hombres que lanzan una mirada sobre sus ruinas pasadas se imaginan -para evitar las ruinas futuras- que está en su mano iniciar otra vez algo radicalmente nuevo. Se hacen una promesa solemne y esperan un milagro que les sacaría de ese abismo mediocre en el que el destino les ha hundido. Pero nada sucede. Todos continúan siendo los mismos, modificados únicamente por la acentuación de esa tendencia a decaer que es su distintivo. No vemos en torno a nosotros sino inspiraciones y ardores degradados: todo hombre lo promete todo, pero todo hombre vive para conocer la fragilidad de su destello y la falta de genialidad de la vida. La autenticidad de una existencia consiste en su propia ruina. El florecimiento de nuestro porvenir: camino de apariencia gloriosa y que conduce a un fracaso; la realización de nuestros dones: camuflaje de nuestra gangrena… Bajo el sol triunfa una primavera de carroñas. La Belleza misma no es más que la muerte pavoneándose en los capullos…

No he conocido ninguna “nueva” vida que no fuese ilusoria y estuviese amenazada en sus raíces. He visto a cada hombre avanzar en el tiempo para aislarse en una rumia angustiada y recaer en sí mismo, a guisa de renovación, la mueca imprevista de sus propias esperanzas.